viernes, 27 de marzo de 2009

TVE apesta.


Lo que más me gustaba de la parrilla. Ahora ni esto.

Uno no puede evitar, debido a su situación personal, sentir cierto cabreo ante determinadas noticias. Soy uno más de los cientos de periodistas que debido a la cacareada situación económica nos vemos en el paro. Así que cuando te enteras de que en Televisión Española hay 300 liberados sindicales, se te pone el estómago del revés.

La figura del liberado sindical siempre me ha producido urticaria. Un tipo que cobra sin currar es algo que me causa, cuanto menos, indignación. Eso por un lado: también cierta repugnancia.
No sólo por mi actual situación. Mis principios, y mi trayectoria vital en la que el Estado jamás me ha prestado ayuda alguna en forma de beca o subvención, se revelan ante esta forma de parasitismo que tan a menudo se dan en el sector público.

La solución a este desmán indignante sería la privatización del citado ente, algo que ningún gobierno, sea cual sea su pelaje, ha tenido el valor de afrontar. Sobre todo porque han preferido dejar a la bestia tranquila y utilizarla como altavoz de su propaganda.

Algunos periodistas, los menos si conocemos el panorama profesional patrio, soñamos con un conglomerado realmente público como la BBC. Un ente más volcado en el servicio al ciudadano que además ofrezca contenidos de calidad. Nada parecido al caso español, que se comporta más, sobre todo en su vertiente televisiva, como si fuera un empresa privada. Una empresa privada que, a pesar de sus ingresos publicitarios recibe una jugosa subvención de nuestro bolsillo y aún así es deficitaria. Amén de la competencia desleal con los canales privados, que hacen que la situación de los profesionales sea aún peor.

Esta situación que debería ser ya indignante en una contexto económico favorable, es, al menos para mí, directamente escandalosa. Y no tiene visos de arreglarse, ni de querer que se solucione.

Conozco personalmente a grandes, y no tan grandes, profesionales de Radio Televisión Española. Gente que se ha labrado una carrera en la casa y que ahora es despedida con su sueldo íntegro cuando aún tienen mucho que ofrecer. Ellos acceden encantados, cobrar sin trabajar es algo que tienta a cualquiera. Pero al que no le toca el premio, y encima lo paga con sus impuestos, no le agrada.

En fin, esta reflexión en la que invierto parte de mis aburridas mañanas de parado al menos me sirve para desahogarme de esa indignación que cada día se va adueñando de mí. Triste consuelo. Pero mejor la indignación que el hastío o la derrota. Uno ama esta profesión, pero cada día menos, y empieza a plantearse si no es mejor dejarla de lado, al menos como dedicación plena. Lo de pensar si me equivoqué en escogerla es algo que prefiero guardarme bien dentro. Uno es lo que es, y no lo elige. Por más que le cueste.

martes, 24 de marzo de 2009

Fringe, erre que erre.



Fringe es una serie de la Fox producida por JJ Abrams, conocido sobre todo por Alias y Lost. El episodio piloto se emitió el 9 de septiembre en Estados Unidos batiendo el record del primer episodio de Lost como el más caro de la historia: 10 millones de dólares.

La serie tiene evidentes paralelismos con Expediente X en su argumento. Una agente del FBI, Olivia Dunham (Anna Torv) investiga una serie de sucesos extraños que se denominan “el patrón”, tras los cuales parece encontrarse una multinacional con la grandilocuente denominación de Massive Dynamics. Una especie de Mycrosoft pero sin faja.

La agente Dunham cuenta con la ayuda de un científico brillante pero algo sonado, Walter Bishop (Jonh Noble) y de su díscolo hijo, (Joshua Jackson). A John Noble le recordaremos sobre todo por su interpretación del rey Denethor en “Las dos torres”, a Joshua Jackson por su personaje de Pacey en “Dawson Crece”. Anna Torv es prácticamente una desconocida fuera del circuito televisivo de su país.

La serie no ha tenido mala acogida en su estreno, aumentando posteriormente su audiencia en los siguientes episodios. Lo cierto es que Fringe no está mal hecha, pero aporta más bien poco. Su parecido con Expediente X es apabullante, y eso unido a que los personajes, si exceptuamos la relación del profesor con su hijo, no lucen demasiado y hacen que sea un producto decepcionante.

Ni siquiera los incondicionales de JJ Abrams, entre los que desde luego no me encuentro, la encontrarán demasiado atractiva, ya que no siguen su patrón argumental de palo/zanahoria que tanto ha usado en Lost, sino uno más convencional. Tratar de reproducir el éxito de una serie mítica utilizando su misma fórmula no garantiza el éxito. Una formula ya manida, resobada y agotada, como se demostró en la última película de la factoría Expediente X.

La conspiranoia sobrenatural ya no vende, habría que dejarla en barbecho un tiempo si no queremos quemarla definitivamente. Y la Fox erre que erre. Pues vale.