martes, 2 de diciembre de 2008

El braceo del ahogado



No pude evitar reírme cuando oí unas recientes declaraciones de Gracia Querejeta. Nada nuevo, es cierto, pero no deja de tener su gracia. Les explico. La realizadora española, hija del famoso productor Elías Querejeta, se quejaba del daño que, según ella, la piratería hace al cine. Hay que perseguirla "de forma seria" afirmaba, ya que es "un problema gravísimo" para el cine. Lo que me hizo gracia fue imaginarme quién diablos va a bajarse una película de esta mujer. ¿Quizá aquella en la que despedazó un libro de Javier Marías? ¿O el apasionante documental "Primarias", junto a su amiguete León de Aranoa?

La evolución de los medios, más específicamente la aparición de Internet, ha pillado con el paso cambiado a la oficialidad artística española. Y esta, acomodaticia por naturaleza, contrastadamente inmovilista y conservadora a pesar de que traten de aparentar justamente lo contrario, se resiste al cambio. Podría verse como un especie de agonía, como aquel tipo que se ahoga y, en sus desesperación, se agarra a todo lo que tiene alrededor, sin importarle lo que sea y sin pensar que lo arrastrará al fondo.

Esa desesperación resulta ser tremendamente reveladora. Está quitándole la careta a esa pretendida industria cultural para enseñar lo mucho que tiene de industria y lo poco que tiene de cultura. Es más, está desenmascarando a personas presuntamente progresistas que demuestran tener un carácter más bien totalitario. Ejemplo: cárcel para los manteros (inmigrantes que no tienen defensa posible), lobbysmo descarado (aún siendo la SGAE una sociedad privada cuyas cuentas no están muy claras) cuyo resultado es la imposición de impuestos injustos con la justificación de que todos somos delincuentes potenciales. La última: espiar a los que se oponen a su pensamiento.

Todo para no perder un estatus adquirido por una industria que, en lugar de adaptarse, alarga su agonía de manera dañina. No es de extrañar. Algunos de sus máximos exponentes y defensores más abigarrados, que ganan millones gracias a este status quo, no dudan en apoyar el canon (una suerte de impuesto revolucionario) mientras que ellos se dedican a evadir impuestos a paraísos fiscales.

En definitiva, el cine español no debería preocuparse por el fenómeno de la piratería. El escaso interés que despiertan sus producciones, sumado a la impopularidad que genera sus continuos pataleos, quejas y rabietas, amén de que estén subvencionados, hacen que nadie quiera bajarse una película española de los últimos 5 ó 10 años. Así que déjennos en paz. Y si no quieren aprender a nadar, prueben a ahogarse tranquilos.

6 comentarios:

carlos dijo...

Amén, Manu!

B. dijo...

pues me gusta cómo escribes y me gusta que acentúes todas las palabras que lo necesitan, y también me gusta el cine español y me gusta Gracia Querejeta y su forma de ser y creo que entiendo mucho mejor sus películas que otras supuestamente intelectualísimas provenientes del norte de América
y creo que cada uno tiene derecho a quejarse por lo que ve como una amenaza para su vida o para su status
y no todos los demás son malos y yo buen@
de todas formas, encontraremos el término medio y alimentaremos estudios antropológicos en el futuro, que es lo que más tirria me da

Manu dijo...

Bueno, me permitirá usted que discrepe sobre su opinión de las producciones estadounidenses, las habrá más o menos intelectuales, tampoco creo que las de Gracia Querejeta las sean en exceso. Si es cierto que a mucha gente le gusta ir al cine para divertirse, y que eso de pensar se lo deje para sus lecturas, o ni eso. Todo esto es respetable en cualquier caso.
Y no es que el cine español sea últimamente demasiado intelectual, más bien tiende al adoctrinamiento, otras veces tan solo pretende entretener. Y lo digo sin generalizar, en la medida que esto es posible si se le echa un vistazo a la cartelera del último año, por ejemplo.
Y efectivamente, es comprensible que la gente trate de conservar su estatus, aunque es de agradecer que trate de hacerlo sin meter la mano en el bolsillo del prójimo sin darle nada a cambio.
Podrían hacerlo como con la Iglesia: marque la casilla en su declaración. Una magnífica ocasión para demostrar su filiación por el cine patrio, tan terriblemente azotado por la piratería al parecer. Curiosamente, los más afectados por las descargas ilegales y el manteo son las producciones más taquilleras: no creo que se vean "Siete mesas de billar francés" en el top de descargas o sobre el trapo de un pobre inmigrante que puede ser encarcelado por venderla.
No creo en definitiva que sea un discurso de buenos y malos, es la defensa que nos queda al consumidor ante las agresiones de una industria que pese a estar subvencionada no sabe salir adelante, porque el producto que crea no vende, y pretende obtener el beneficio por otro lado, ergo canon.
En fin, sólo soy un "opinador", y su punto de vista es tan respetable como el mío, si no más. Le agradezco que me haya leído y más aún que me haya comentado.

Anónimo dijo...

uhm, tutéame, por favor, si no es molestia.

carlos dijo...

No creo que sea un discurso de buenos y malos sino la constatación de un interesado acto de hipocresía.
Desde luego que no todas las películas del cine español son malas, pero nuestro cine padece de un mal endémico: sus propuestas como industria y cómo arte en casi todos los casos no tienen nada que ver con las necesidades de su público.
Porque los americanos no tienen toda la culpa. Es como el tema de la telebasura. En realidad, la gente está deseando ver un cine suyo, pero el cine español no se lo da.
Y cuando una película española funciona, funciona. Lo que no podemos exigir es por decreto la aceptación de unas propuestas que en la mayoría de los casos son bastante rancias pese a que estén recubiertas de diferentes barnices.
Y a todo éso hay que añadirle que la gente está dejando de ir al cine.. que ha dejado de ser la principal fuente de ocio con lo que el pastel de hace más pequeño y no se pued epedir que por decreto s etenga una porción apelando a un millón de cosas antes que a la propia creatividad.
Mucho cine español se hace para el propio cine español, para la tribu.
Y, sí, estoy de acuerdo con Manu, con todos los respetos para quién le guste ( a mi me gustan David Lynch y Theo Angelopoulos), Gracia Querejeta me parece un coñazo. Hace películas de Saura de los 70 (y algunas ya eran un coñazo entonces).

Manu dijo...

Como en cada acto cotidiano, cuando veo cine evito mirar el "Made in...". No estoy con los que dan golpes de manera sistemática al cine de aquí, sea por la razón que sea. Pero como dice Carlos, si el cine español no funciona de nada sirve echarle la culpa al tiempo. Y lo malo no es decir que la gente no va al cine porque llueve, sino empezar a criminalizar a una sociedad entera, llamándolos ladrones (no sé si "presunto" podría aplicarse en este caso, más bien "potenciales") para justificar el cobro de un canon. Es decir, como la gente no va al cine a ver sus películas y por lo tanto no pasa por caja, se lo quito de otro lado. No se acepta el error propio: tu cine no interesa, pero se pretende seguir recibiendo emolumentos por un trabajo que no se realiza correctamente.
Más de lo mismo sería la Ley del Cine, tan efusivamente defendida por algún colectivo de actores. Es decir, tratar de imponer, entre otras cosas, la proyección de determinadas películas a salas privadas. Naturalmente, éstas trinaron, no por la exigencia, sino porque si ya de por sí la gente no va al cine, menos aún lo hará para tragarse un hipotético bodrio. Y digo hipotético, porque la película posiblemente sea entretenida, pero el hecho de imponer algo a un consumidor suele tener el efecto contrario: se rechaza.
A esta imagen que poco a poco el cine español se está fijando no ayuda que una conocida y veterana actriz defienda, con su habitual actitud de eterno cabreo, esta imposición públicamente. Si mal no recuerdo, exigía un lugar donde exhibir su cine, aunque fuera en la calle. Es decir, que tenemos que ver sus películas, queramos o no. Que tenemos que seguir perpetuando la realización de este engrudo pagado con nuestros impuestos y encima nos lo tengamos que merendar. Lo próximo será la exigencia de declarar que es delicioso. ¿No es orwelliano?
Como dice Carlos acertadamente, el colectivo artístico español se está convirtiendo, si no lo era ya, en una tribu. Y su discurso, único en la mayoría de los casos, se está haciendo monolítico. No quiero meterme en la ciénaga política, pretendo que este sea un blog de cine, pero la disertación de buenos y malos la están planteando ellos. Y no solo en el plano cultural. Sólo hay que echar un vistazo a la cartelera actual y comparar los guiones con determinadas líneas ideológicas del actual gobierno. Llámenlo propaganda, si se atreven. Y miren sino la cantidad de películas sobre la guerra civil española realizadas en los últimos 6 años. Todas, o casi, tienen un hilo ideológico muy similar. ¿Casualidad? A lo mejor es razonable sospechar.