viernes, 14 de noviembre de 2008

Cultura y espectáculos

Leo atónito una entrevista en un presunto suplemento cultural y de eso que llaman “tendencias”. Dos jóvenes actores hablan, mientras posan para una sesión de fotos de moda, sobre la Guerra Civil Española. Una insuperable argamasa, comparable a juntar en el estómago un plato de la más alta cocina francesa con un botillo del Bierzo.

Ahora me pregunto cuándo decidimos dejar de creer en los intelectuales para dar voz a la farándula. Temas tan trascendentales no se deben tratar con tanta ligereza. Y lo peor es que se hace constantemente sin el menor rubor.

Es posible que me tachen de paranoico, o taimado, cuando afirmo que hay una auténtica campaña en el cine español para apoyar una visión de la historia que el gobierno nos pretende imponer. También podrían tacharme de malpensado si digo que esto ocurre, entre otras cosas, porque están en sintonía con quién les subvenciona. Es lógico querer agradar al que te paga, al fin y al cabo. No planteo aquí la oportunidad de revivir ahora el drama de los desaparecidos en la Guerra Civil. Sólo trato de llamar la atención sobre la determinación de un sector de la "cultura", diré mejor sector cinematográfico, de trasladarnos unas determinadas ideas. Es el eterno problema de la injerencia estatal en este sector: no puedes evitar que, junto a los billetes, se cuele una buena dosis propaganda.

Pero además de la intromisión ideológica en sí, también molesta el tratamiento que se da al asunto. Hablan de muertos, fosas, Iglesia, miedo y represión sin despeinarse, y nunca mejor dicho. Posan, mientras opinan, como cualquier modelo publicitario cuyo objeto es venderte una camisa, una mariposa cervical o el último artefacto para lograr unos abdominales apolíneos. Sólo que en realidad lo que tratan de colar es una idea, y su único argumento para hacerlo es una mirada remarcada por un eyeliner y un montón de eslóganes manidos.

Espero que regresen los tiempos en los que escuchábamos a los hombres de letras y ciencias (si es que alguna vez lo hemos hecho), en los que sepamos separar en nuestro diario la sección de cultura y la de espectáculos. Aunque nadie nos lo indique, y si el gobierno de turno nos lo permite, claro.

2 comentarios:

carlos dijo...

Totalmente de acuerdo, Manu!

Pero no olvides que son actores y para la mayoría de ellos sus ideas son sólo un dialogo más... Cambia el guionista, cambia el dialogo.

Manu dijo...

Totalmente cierto Charlie, es una pena que en este país muchos intérpretes sólo sean como cacatúas. ¿Dónde queda la figura de actor clásico? Auténticos divos Shakesperianos como Sir Anthony Hopckins o Jeremy Brett ya no quedan. Esos si que eran intérpretes, no modelo/actores...